viernes, 27 de enero de 2012

El tiempo y su velocidad

Qué difícil hablar sobre un concepto como el tiempo. Pese al nivel evolutivo que ha alcanzado el ser humano sigue siendo uno de los grandes misterios de nuestro universo. Por un lado tenemos leyes físicas que demuestran su existencia interrelacionándolo en el mismo plano con vectores de espacio y velocidad, por otro lado hay ciertas tendencias filosóficas que argumentan que es un invento del ser humano para aliviar su desconocimiento total de las leyes universales.


Pero lejos de volverme tan trascendental, quiero hablar del tiempo mas "de casa", de ese tiempo que vivimos los ciudadanos de a pie. ¿No es curioso como este concepto es variable dependiendo de nuestro estado o nuestro entorno? ¿A quién no le ha volado el tiempo al estar en buena compañía, realizando una actividad que te apasiona o recibiendo estímulos positivos? Y al contrario, ¿a quién no se le ha hecho eterno una actividad tediosa, su rutina o una espera prolongada?

Pues bien, como no podía ser de otra forma, me encuentro en estos momentos en el segundo caso. Sufro una espera prolongada, pendiente de varias decisiones en las que ya no puedo influír demasiado, pero que de un modo u otro son muy importantes para mi futuro.

Siempre me he considerado una persona muy paciente, y los que me conocéis bien sabéis que llega a ser una cualidad exasperante, ya que la paciencia te permite controlar tus impulsos y racionalizar prácticamente cualquier situación. Muchas veces me han echado en cara que no es algo muy positivo, ya que puede llevar a confusión y dar la impresión de que soy muy insensible y completamente impávido. Por supuesto que eso no es así, que más quisiera yo que poder ser inmune a las emociones. Al contrario, al no dejar que éstas escapen en actos impulsivos, se retienen en mi interior y son capaces de torturarme durante mucho mas tiempo que al resto de personas. Por tanto me consideraría una persona hípersensible, pese a que no de la apariencia de ello.


Pero llegados a este punto de impaciencia que roza la sin razón, me halló completamente desarmado y rendido a un destino en el que nunca he creído. Todas esas patrañas de las que siempre he renegado, todas esas historietas de Paolo Coehlo de las que siempre he hecho mofa, de repente se apropian de mi vida y me encierran en una burbuja de hastío, de tiempo eterno que me arrebatan cualquier tipo de reacción. ¿Como dejar en manos ajenas lo que siempre ha dependido de mis decisiones?


Todo esto me hace pensar y plantearme si toda mi filosofía de vida, que he seguido a pies puntillas hasta el día de hoy, estaba completamente equivocada. ¿Qué pasa si realmente hay una fuerza mayor que guía nuestros destinos?, ¿qué pasa si cualquier esfuerzo por nuestra parte es en vano?, ¿y si hay una poder superior que se opone a tus deseos...?


No quiero creer en algo así, no quiero rendirme y dejar de pelear por lo que deseo, no pienso dejar en otras manos lo que sé que depende de las mías propias. Después de una larga busqueda de identidad, estoy muy cerca de saber la clase de persona que quiero ser y que voy a ser en un futuro. Sé lo que quiero y voy a luchar por ello, y si al final estoy equivocado y todo está escrito, espero al menos provocarle un pequeño borrón a ese gran escriba.


Continuaré...

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